10 de octubre
Costó mucho aceptar la muerte del viejo, del velorio no puedo ni hablar, mucho menos de su entierro. Hice como que lo acepté al día siguiente, cuando entré a su cuarto y no estaba; solo su hamaca colgada y su ropa guardada. Nos costó tanto aceptar que no iba a comer más con nosotros, que ya no iba a venir a la mesa a platicar —sus tacos ya no saben igual. También entendí que nunca más lo iba a escuchar cantar ni hablar.
Juventino Escudero Carrillo por siempre.
Ese día llovía como ningún otro. Sucedía algo que nos separaba de él: el ruido en el tejado, en las láminas de la casa, era triste. Este día el tiempo se detuvo y dejó de aprender de avanzar pues hoy te llevamos a la tierra, a lo más profundo. Allí te quedaste, ya no regresaste con nosotros a la casa.
La lluvia nos confundía. Nos decía que el ruido del duelo era todo nuestro en ese día, pero nadie aquí lo queria. Lo queremos de vuelta a él, pero mi hermana no lo comprendía. Decía que llovía mucho y lloraba tanto que sus lágrimas se confundían con la lluvia que mojaba su ropa. Afirmaba que la lluvia lavaba el cuerpo inmóvil, enterrado y frío.
Hoy llueve en casi cualquier lado, pero le digo a mi hermana: no es solo lluvia, no es solo esta lluvia fría. Puede que también sean lágrimas que vienen del cielo, que caen de las nubes donde papá está —aquel viejo, alegre y de sonrisa singular.
Le dije como consuelo que él siempre nos va a mirar, siempre nos va a ver, nos abrazará por siempre con sus brazos fuertes de eternidad. Hoy papá no está, la lluvia no para. La vida se hizo dura desde que él no está. Nos quedan algunas cosas: su ropa, sus cuentos, sus risas, los chistes y la alegría que su palabra daba, la cual resonaba en la casa y por el barrio, aquel barrio.
Le digo que él vendrá, que se va a levantar, que nos va a visitar en todas las formas —aquellas formas delicadas como un colibrí. Por ejemplo, le digo a mi hermana que papá siempre estará, siempre nos cuidará; por si algo sale mal, él nos va a abrazar.
Él va a venir en forma de viento, nos va a decir, nos va a susurrar que su amor por nosotros será hasta la eternidad.
Las notas de Tachi