20 veranos cuando te conocí,
una pequeña actuando de aprendiz,
tu mi maestro, tomándome de raíz,
fingiendo y mintiendo que podía ser feliz.
Te vi como mi salvador, mi faro, mi guía,
yo era una muñeca que a tu antojo movias.
Creí que era la musa de tus palabras y poesía,
tardé en darme cuenta de que solo mentías.
Tras cada mentira y tras cada situación,
el disfraz que traías de pronto se cayó,
ya no eras el salvador que mi corazón iluminó
sino, aquel lobo buscando destrucción.
Te aprovechaste lo más que pudiste
de mi cuerpo y mi alma,
cada rincón usaste y pudriste,
robando mi seguridad y calma.
El abuso fue el precio de tu "protección"
un yugo violento sobre mi corazón.
Buscabas la herida, el daño, la quiebra,
Enredando mis días como una culebra.
Hoy miro tus treinta con asco y con luz:
fuiste el depredador y ya no soy tu cruz.