A los casi 40
Me he despedido, tienes que creerme: dejé de preocuparme por el tiempo que nos toca vivir, alma triste y libre como la que me tocó almacenar, pues ya no me preocupa lo que piensen de mí los demás.
Un amigo me dijo ayer: «Ya tenemos casi 40, ¿qué piensas?».
No le contesté, pues no sé realmente qué sucede; solo lo que veo es...
Lamento no haber nacido con gran sentido de autoanálisis personal, lamento no ser ambicioso a ojos de los demás.
El tiempo se me acaba; no hay remedio ni vuelta atrás. La cuenta regresiva para hacer lo correcto avanza, pues la voluntad que tengo se maquilla todos los días y se va, de prisa, riendo siempre de mi reflejo pálido en el espejo.
No tengo edad para vivir en las percepciones de los demás, entre reconocimientos y halagos falsos disfrazados de aplausos que no son de verdad.
Me he fundido en mí; mi carne intenta filtrarse entre mis huesos, decepcionada en todos mis intentos, mientras todo pasa, todo queda y todo se acaba, para no empezar una vez más.
Camino en el andar de una memoria mal estructurada, creyendo que todo era mío de verdad.
Mi defecto es amar en realidad y no esperar nada al despertar.
Las notas de Tachi