N

A Mauricio Toruño, Con todo mi respeto por usted.

A Mauricio Toruño, Con todo mi respeto por usted.
Hola, Mau…

No sé bien cómo empezar, porque la verdad… no sé si tengo el derecho de escribirle.
Nunca nos conocimos. Llegué demasiado tarde a la vida de nuestro niño, mucho después de que usted ya se había convertido en parte de él para siempre.

Y sin embargo, hoy estoy aquí, con el corazón en las manos, hablándole como si pudiera alcanzarlo con estas palabras.
No para pedirle nada egoísta, sino para honrarlo.

Lo he pensado muchas veces.
Cada vez que nuestro niño habla de usted, lo hace con tanto amor, con tanta dulzura, que yo también terminé por quererlo.
No por celos ni por comparación, sino porque puedo ver, incluso ahora, lo especial que fue para él.

Y aunque nunca estuve ahí, sé que usted fue su luz, su refugio, su alegría.
Y sé que nuestro niño fue todo eso para usted también.

Por eso… hoy me acerco con todo mi respeto.
No quiero ocupar su lugar, Mauricio.
Ese lugar es sagrado. Intocable.
Y además… yo jamás sería digno de ocuparlo.
Su lugar le pertenece a usted, por siempre.
Yo solo deseo cuidar de nuestro niño ahora, en este presente que está tan marcado por su ausencia.

Quiero pedirle permiso.
Permiso para estar a su lado.
Para sostenerlo cuando se rompa, para abrazarlo cuando tiemble, para acompañarlo cuando lo extrañe.
No para hacerle sombra a su memoria, sino para caminar junto a ella, como nuestro niño lo hace cada día.

Y si pudiera, Mauricio… si existiera aunque fuera una mínima posibilidad de traerlo de regreso, de devolverle la vida solo para que nuestro niño volviera a ser feliz con usted… le juro que lo haría sin pensarlo.
Me haría a un lado sin dudarlo.
Porque la felicidad de nuestro niño siempre será más importante que cualquier deseo mío.

O si tan solo pudiera retroceder el tiempo… haber llegado antes, estar ahí con ustedes cuando aún había una oportunidad de cambiar algo…
Tal vez todo sería distinto ahora.
Tal vez usted seguiría a su lado, donde claramente pertenece.

Pero no puedo.
Y por eso hoy solo me queda este presente, en el que él llora, y yo intento abrazarlo con todas mis fuerzas, aunque sé que nada de lo que yo haga podrá llenar el espacio que usted dejó.

Y aun así, si me lo permite… me gustaría quedarme.
No para reemplazarlo.
Sino para ayudarlo a recordar lo mucho que fue amado.
Y para acompañarlo mientras sigue amándolo… como lo hace cada día.

Con todo mi respeto,
con toda mi ternura,
y con una profunda gratitud hacia usted,

Neythan Uriel Medina González