A ULTRANZA
No olvido el cruel reproche que me hiciste la noche gélida y de puro infortunio del mes de junio, ni tampoco volveré yo a buscarte como lo hice un sinfín de veces. Aunque la furia infundada te aparte, quién sabe si definitivamente, de mi confín.
Perdona, empero, esta vez espero que tus herméticos oídos abras y escuches seriamente mis palabras. Pues antes de que me dirija a ti en estos dolorosos y funestos instantes, piensa que en mi velero, solo en alta mar, muero. Pero aunque en agonía evoque tu presencia como panacea a mi dolencia, por tu capricho intransigente, resistiré a ultranza, firmemente.
Entonces, solo por simple consejo: si te hago falta, desde hoy busca lo que he buscado yo, la paz. Además, para esto no estoy viejo.
Autor: Hugo Alfonso Rojas Íñiguez
H