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Abri mi pecho apenas un par de veces, como quien muestra un tesoro en una casa…

Abri mi pecho apenas un par de veces,
como quien muestra un tesoro en una casa en ruinas.

Los que vieron el fondo de mis ojos se cuentan con los dedos,
sobraron manos, y faltó lealtad.

​Me fallaron.
Con la precisión de un verdugo, rompieron mi confianza

​Por eso ahora el invierno se me instaló en la cara,

por eso soy este bloque tosco, este gesto seco,
esta sonrisa que no termina de nacer.

Es la distancia sanitaria, el alambre de púas,
el muro que levanto para que nadie se atreva a cruzar.
​Si no se acercan, no hay herida.
Si no entran, no hay nada que saquear.
Es más fácil así:
enojarme sin que me duela el alma,
olvidarlos como quien tira un papel viejo,
y no quererlos, para que su ausencia no sea un lamento
​A veces, la soledad es el único lugar donde uno está a salvo.