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​Acá estoy, mirá. ​Con este gusto amargo en la boca, que no se va con nada. No…

​Acá estoy, mirá.
​Con este gusto amargo en la boca,
que no se va con nada.
No es café,
no es derrota...
es el sabor de lo que callé.

​Tantas cosas que no te dije.
​Un mundo entero de sentimientos
que se quedaron trabados acá,
justo en el nudo de la garganta.
​Una palabra,
una sola,
pudo haber cambiado todo,
¿viste?
Y la guardé como un tesoro inútil.

​Hoy me doy cuenta,
que el silencio es un arma de doble filo:
te protege,
sí,
pero también te aleja de lo que más quieres.
​Y nos alejamos.
​No fue un portazo, no fue un grito.
Fue lento.
Como dos barcos que se sueltan la soga
y el mar los va llevando a rumbos distintos.

​El dolor de la despedida,
es fácil de enfrentar.
Pero este dolor,
este...
el de las cosas que no te dije,
el de ese gusto amargo que me dejaste,
​ese no tiene cura.
​Solo queda la bronca de no haber hablado cuando debía