Agradable locura
Todos lo son,
ellas, ellos,
tú y yo.
Nos falta un tornillo
que no hace falta.
No estamos curados,
pero nos damos de alta
para continuar
con ese dulce infiernillo
mental de escribir.
La atrevida capacidad
de mezclar colores
con palabras,
o la terca necedad
de jugar en las nubes
con las cabras.
Lo abstracto cobra sentido,
y es sentido
la vibra buena
de aquel sueño
sin pies ni cabeza.
Esa voz sin rostro
que interpreta versos
en la cabeza,
le da por gritar con dureza:
reza,
pesa,
besa,
a veces estresa,
aunque cesa
y ahuyenta la tristeza…
Otras veces ni le interesa.
Esa verborrea
me aporrea,
me marea,
me aprieta
su correa.
¿Me estoy volviendo loco?
¿Mucho?
¿Poco?
¿Algo le pasa a mi coco?
¿Le quito la tilde o la coloco?
Esa palabra,
¿la dejo o la troco?
¿La ignoro?
¿La toco?
Camisa de fuerza,
la de vocablos,
que no nos suelta,
sea que piense
o si hablo.
No sé si esto lo cura,
pero qué agradable
locura.
J
Agradable locura