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alejaté que te amo

alejaté que te amo

​A veces amar no alcanza, y esa es la verdad más pura que nos toca masticar. Elegir no estar con alguien porque sabés que no podés darle lo que se merece es un acto de amor, pero un amor que te desangra por dentro.

​La noche me tira el pasado a la cara,

mientras el viento me trae recuerdos que ya no puedo tocar,

y me quedo acá, parado en un presente que no avanza,

viendo cómo se me escapa la vida.

No es que me falten palabras, es que me sobra cordura,

esa de saber que mi mundo te queda chico,

y que aunque muera por tenerte,

mi propia soledad es el único precio que hoy me adjudico.

​La casa se nos cae encima cuando falta la risa que la mantenía en pie. Mi perro sigue mirando el camino, esperando un fantasma, y yo me tengo que morder la lengua para no llamarte. Porque soltar no es dejar de amar, es dejar de joderle la vida al otro con nuestras propias carencias.

​Prefiero el destierro de no verte nunca

a ser el verdugo de tus días felices,

mientras el viento me susurra verdades

que me abren de nuevo todas las cicatrices.

No sé qué carajo tiene este silencio,

que me obliga a llorarte de repente y en soledad,

rompiendo este disfraz de tipo fuerte

que se me cae a pedazos, contra el piso.

​Amar es también saber retirarse a tiempo. Aunque duela como un tajo en el pecho, aunque la noche se vuelva eterna y el alma se te llene de humo. Elegí tu libertad antes que mi egoísmo, y si lloro sin darme cuenta, es solo el precio de haberte amado tanto