"Anoche volviste a mí"
Anoche volviste a mí
después de tanto olvido,
cuando ya eras un nombre roto
mal guardado entre el ruido.
Yo ya no recordaba tu voz,
ni el color de tu mirada,
eras solo un fantasma viejo
viviendo en mi madrugada.
Pero llegaste despacio
cruzando aquel salón,
mientras temblaba mi cuerpo
sin entender la razón.
Yo intenté dar media vuelta,
quise escapar de tu lado,
porque hay heridas dormidas
que aún conocen el pasado.
Caminé buscando aire,
silencio para esconderme,
pero el destino en mis sueños
parecía perseguirme.
Tomaste entonces mi mano,
me obligaste a regresar,
y al mirarte tan de cerca
te pude recordar sin dudar.
Tus ojos seguían intactos,
tu voz seguía igual,
como si el tiempo jamás
hubiera logrado borrar.
Y dijiste: “perdóname,
sé cuánto te hice sufrir,
pero aunque huyas de mi sombra
te voy a reconstruir”.
Sentí un nudo en la garganta,
confusión y escalofrío,
porque a veces el recuerdo
todavía se siente frío.
No era amor lo que sentía,
ni deseos de volver,
era el miedo de mi alma
recordando tu poder.
Porque tú fuiste refugio,
pero también tempestad,
la mano que me cuidaba
y la que me hacía sangrar.
Yo te quise con el pecho,
con inocencia y verdad,
mientras tú escondías espinas
debajo de la suavidad.
Y aunque hoy puedo decir
que el dolor ya cicatrizó,
hay memorias que en silencio
siguen respirando en voz baja entre los dos.
Sí, te perdono la guerra,
la angustia y la confusión,
porque el rencor solo pudre
lo más noble del corazón.
Pero perdonar no significa
volver al mismo lugar,
donde aprendí que el cariño
también puede lastimar.
Tal vez por eso en el sueño
mi cuerpo quiso correr,
porque hay partes de uno mismo
que no se quieren perder.
Desperté con tu recuerdo
pegado bajo la piel,
preguntándome en silencio
por qué regresaste ayer.
Y entendí mientras temblaba
mirando la habitación,
que no eras tú quien volvía…
era mi vieja versión.
La que aún estaba aprendiendo
a distinguir la verdad:
"Que hay personas que se "aman"…
pero se deben soltar"...