Antes de llegar
Anoche caminé dentro de una casa
que no era mía,
pero conocía cada rincón
como si el miedo la hubiera construido.
Había puertas entreabiertas,
silencios largos,
y un nombre que me latía en la garganta
sin poder salir.
Decían que estabas enferma,
pero nadie quiso decirme cuánto.
Como si el tiempo
fuera un secreto mal guardado.
Tu hijo evitaba mis preguntas,
mis pasos,
mis ojos buscando respuestas
en cada esquina vacía.
Y yo te buscaba.
Te buscaba como se busca el aire
cuando empieza a faltar.
Abría puertas,
cruzaba pasillos,
pero siempre llegaba a un lugar
donde ya no estabas.
Hasta que entendí,
en ese lenguaje extraño de los sueños,
que estaba a punto de perderte
sin haber podido verte una vez más.
Entonces corrí hacia mi madre,
con el corazón en ruinas,
preguntando por qué el silencio,
por qué no avisarme
que el final estaba tan cerca.
Pero nadie respondía.
Y justo cuando el dolor
iba a decirme la verdad completa,
desperté.
Con la sensación intacta
de haber llegado tarde a algo
que todavía no ha pasado.
N