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Aquella calle de Banfield Estábamos en el asiento de atrás del…

Aquella calle de Banfield




Estábamos en el asiento de atrás del auto.
Mareados por algo más fuerte que los daikiris del XV.
"¿Te gustaría quedarte a dormir?" Pregunté, con la esperanza de que la pregunta no quede en el aire.

Por aquel tiempo no escribía poemas.
Pero siempre fuiste una página bien pensada en mi escritorio.
Sinceramente, aún lo sos.
Pero los espacios en blanco ya fueron escritos hace mucho tiempo.

Espero nunca perderte, espero que esto nunca termine.
Porque nunca podría volver a caminar por aquella calle de Banfield.
Sos ese tipo de decepción amorosa que ni con el tiempo podría curar.
Y te juro que me aturde como cada rincón que piso, gritan tu nombre y apellido.
Es por eso que me puse como meta, tener 18 años y huir del conurbano.
Desconocerme totalmente de tu vida.

Las ventanas parecen abrirse solas en otoño.
Tu número postal, cuyo primer dígito se repite dos veces.
Y el nombre de aquella calle de Banfield es igual al de una plaza más que familiar para nosotros y al de un antepasado de 12 de mayo.

Los recuerdos me aturden.
Tus dos perras lanzándose encima mío, la play y una copa de sidra junto a la pileta.
Y yo preguntándole a papá cuando nos íbamos a ir, a lo que él me reclamaba porque el plato seguía lleno.

Espero nunca volver a Banfield, espero nunca volver a verte.
Espero nunca volver a pisar aquella calle de Banfield.
Sos ese tipo de decepción amorosa, que hoy por hoy sigue doliendo.

Y aunque esto haya terminado.
Ya hace un tiempo.
Jamás volvería a pisar aquella calle de Banfield.