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Aquí se termina

Aquí se termina
‎Hoy dije que no.
‎Y no fue suave,
‎ni bonito,
‎ni como esas despedidas
‎que suenan a paz.
‎Fue incómodo.
‎Porque no solo te lo dije a ti,
‎también me lo dije a mí.
‎A ti,
‎que aparecías cuando querías
‎y te ibas cuando más necesitaba quedarme en pie.
‎A mí,
‎que siempre encontraba la forma
‎de justificar lo injustificable,
‎de abrir la puerta
‎aunque ya sabía cómo terminaba.
‎Hoy entendí
‎que poner un límite
‎no es dejar de sentir,
‎es dejar de permitirme lo que me rompe.
‎Y duele.
‎Duele no responder,
‎duele no volver,
‎duele no caer en lo de siempre
‎solo porque es conocido.
‎Pero más dolía quedarme.
‎Hoy me hablé claro:
‎no todo lo que extraño me hace bien,
‎no todo lo que quiero
‎merece quedarse en mi vida.
‎Y no voy a seguir negociando
‎con lo que me quita más de lo que me da.
‎Ni contigo.
‎Ni conmigo.
‎Porque también tuve que decirme
‎que ya no voy a esconderme
‎en ese hábito que me apaga,
‎en esa versión de mí
‎que se conforma con menos
‎solo por no estar sola.
‎Hoy cierro esa puerta.
‎No con odio,
‎no con rencor,
‎sino con algo que antes no tenía:
‎respeto por lo que estoy intentando construir.
‎Y si vuelvo a dudar,
‎si mi mente intenta convencerme otra vez,
‎voy a recordar este momento.
‎Este instante incómodo, firme, real,
‎donde por fin
‎me elegí.
‎Aquí se termina