Árbol
Una semilla ha sido plantada en el silencio,
cultivada en el detalle y el rigor del cuidado.
Solo queda esperar que el fruto sea incandescente,
fiel al diseño que la memoria ha guardado.
Un árbol no crece bajo el mandato de la prisa,
no sirve forzar el riego diez horas seguidas;
todo florece cuando el tiempo lo dicta
y la raíz se hace fuerte al abrigo de las heridas.
Día tras día, evitando que el tronco caiga en ruinas,
la espera construye una estructura robusta y viva.
Bajo tierra, las raíces permanecen invisibles,
como la verdad de un sentimiento que no se ha demostrado.
Pájaros de mil colores van y vienen,
risas, burlas y sombras que el viento ha traído
sentimientos que nacen, vuelan y se sostienen,
pues siempre regresan al nido que el árbol ha construido.
Es un organismo resistente, pero volátil;
soporta tormentas y el impacto de los huracanes.
Pocos advierten que la esencia sigue siendo frágil
lo que crece sin base, se desvanece entre afanes.
El clima es el espejo de lo que ocurre dentro:
hay sol cuando el alma alcanza su paz,
y el cielo se nubla si el camino está acorralado.
Se ve caer la lluvia cuando ya no se puede más,
pero es esa misma agua la que vuelve al árbol sólido.
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