Aroma
Hoy encontré algo latiendo
donde no debería haber nada.
Un olor me alcanzó
desde alguna esquina de la calle,
ese aroma…
era el suyo.
Mi corazón cambió el ritmo,
se volvió más torpe de lo usual.
No.
No, no…
¿Por qué volver ahí?
A esos momentos
clavados en mi memoria
como cortometrajes pegajosos.
El odio que sentí al alejarme
se volvió otra cosa:
una nostalgia persistente
que no solo entró por mi respiración,
sino que se instaló
en lo más ajeno de mi sentir.
Y entonces,
sin aviso,
una sonrisa se clavó en mi rostro.
Ya no había odio,
ni ese peso raro al amanecer,
solo una felicidad sin destino de llegada,
un sentimiento sin nombre alguno.
Seguí caminando
y el aroma se fue disolviendo
hasta abandonar todos mis pensamientos.
Y estaba bien así.
Llegué a mi destino.
Y entendí
que no todo lo que vuelve
es para quedarse.
M