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Arquitectura de un corazón roto

Arquitectura de un corazón roto
La tierra no deja de dar vueltas porque todavía no ha elegido su destino.
Y en esa misma deriva, te quiero, aunque no tenga un concepto claro de lo que significa amar. Tal vez sea ese roce fortuito, la piel compartida antes de que el café se enfríe, o el impulso de dedicarte versos mientras el sol se oculta tras los edificios. No entiendo por qué ahora me gusta el desvelo, siempre que la falta de sueño me encuentre a tu lado.
Me preguntaste algo mientras mis dedos seguían el rastro del agua por tu columna, como si fueran lluvia sobre un vidrio. La respuesta sigue siendo "no": no aprendí a quererte a medias ni a borrarte de mi memoria. Y poco importa el resto.

Mañana el despertador dictará una sentencia que no quiero escuchar, imponiendo ese ritmo frenético que me agota los pulmones y me obliga a buscar refugio en el humo.
Siento que me falta el aire porque me faltas tú; el oxígeno no alcanza para este motor cansado, algo desgastado y con cicatrices, que sin embargo, se empeña en seguir latiendo por ti.