contemplando el viejo techo negro de mi cuarto creyendo admirar sus oxidados aleros
que cada vez que se les mira esparcen ese veneno que llega del cerebro al corazón,
y con cada llegada de la hora donde el señor silencio aprende a hablar,
empieza a manifestarse con su gas tóxico que asfixia pero aún asi cubre toda la habitación dejando muerto a cada susurro de alma que se le acerque.
miu3.