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Augurio

Augurio
Apago las luces de mi boca, el humo inerme que te dibuja. Sigo los pasos de tu aroma quebrante, nace
fuego de tus ojos, el sendero se extiende sin fin. Me reflejo en tu insensatez, en tus luces labios de vía
estelar, esa puerta universal a tu tálamo, a esas mismas voces que bajo separas al entonar. Es la noche
tu hogar, la hoguera que tus versos alimentan, ese infinito invisible de tu cabello. Dime tú ahora, qué
harías si robo de tu esencia lo más puro, aire néctar que respiro. Quién me condenará por pretenderte,
por pretender tenerte, por tener que pretender haber arderte. Qué luz nos sumerge en la espiral
descendente de tus poros, el aroma más cercano a tu corazón. He hablado de ti: al paisaje lo nombré
con tu piel mientras recitaba en la oscura bruma del perder tu canto. Eres esta poesía de frenesí
anhelante, esta entorpecida aceleración en mis venas, el agua clara de los ríos, el papel de un boceto
nocturnal. Eres magia, porque tienes en ti esa mirada, que es capaz de transmutar la misma vida, de
cortar los hilos del vago e inamovible destino. Tus ojos me llevan siempre al mismo sitio, al final de cada
purgatorio poético, para enseñar tu paraíso ocular, iris de mar, nebulosa café entre las estrellas.
Conversar me gusta, si es contigo, porque llegas mientras piso el sendero, y no olvidas mi nombre.