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Aún

Aún

Y hoy día aún te sigo esperando. Anhelando a que vuelvan esos momentos que por indiferencia no supe valorar.

Llamando a un cuarto vacío, hundido por la oscuridad, esperando volverte a ver una vez más, sentada a la mesa… tu silla sigue vacía. Todo sigue igual que ayer, ayer igual que hoy, y pensar que ya hace tiempo vivo entre esos momentos.
Abro la puerta, a ver si en una de esas te vuelvo a ver; en tu cama o leyendo como lo solías hacer; ¿cómo puedo suceder? Pensar en la última vez que estuviste aquí.

Recorro memorias entre fotos, desenterrando un pasado al que quisiera volver, para tenerte cerca una vez más; abrazarte y sentir el calor de tu alma.

La casa no se siente igual, con un silencio intranquilo que te cala hasta los huesos. Suena por la noche el ruido del refrigerador y el cantar de los grillos; añorando esas noches de películas antes de dormir, o las tardes de karaoke al la casa limpiar.

Dejaste las paredes pintadas de gris, se contrastan con el amarillo de tu cuarto tan caótico, el lugar al que llamabas refugio en esos tiempos difíciles. Quién diría que ese lugar tan tuyo algún día se volvería también mi lugar seguro; solo para recordarte.

Como expulsada del Edén; un alma ahora libre… te sigo esperando, viéndote en el reflejo del espejo.

La noche vuelve a alcanzarme, y tu silla aún sigue igual.

Me encuentro en el centro de todo, bailando en la oscuridad de un hogar que se cae en tu ausencia; tirado en el suelo como solíamos hacerlo… volteo mi rostro buscando el rastro de tus ojos, pero mi mirada solo se pierde en la bruma de un cuarto vacío.

Aún te busco, viendo tu rostro en cualquiera, pensando si con alguien más estarás; ¿cómo estarás? Mi alma se derrumba en la penumbra de la realidad. Repitiendo tu nombre una vez tras otra, y el eco de este lugar me devuelve mi voz.

Extraño abrazarte y sentir el calor de tu amor, cuánto daría por volverlo a repetir, aunque sea un segundo más. Brotan las lágrimas de mis ojos por un recuerdo amargo… me deja un sabor metálico en la boca, mi garganta se estrecha. Permaneces en cada rincón, recordando cada momento; atrapado en cada mirar.

Vuelve y dime que esto solo fue un mal sueño. Me la vivo esperando el sonido de la puerta escuchar; volver a oír tus historias. Las veces al despertar, hablando en la cocina cuando preparaba el desayuno; ahora la comida sabe como un plato sin sal, me faltan tus palabras para volver a sentir.

Miro el reloj, como rutina de quien espera; deseando verte regresar. Se está haciendo tarde y la oscuridad cubre las ventanas, resopla el frío de la noche, entrando por lo estrecho de la puerta.

Pensar que te aterraba la oscuridad, y te llevaste la luz de este lugar. No pediste permiso; no preguntaste, aunque sé que ahora la utilizas para iluminar tu camino… ojalá poder seguirte los pasos, pero ya no hay rastro de tus huellas. Solo queda la marca de tu silueta remarcada en mi mente. Como una mancha en el lente de una cámara, imposible de borrar; permaneces reviviendo a cada instante.

Pensando en esas veces que te falté; imaginando los momentos que pudimos pasar. Acompañándote, viéndote lucir lo que nunca pudiste al mundo mostrar; cargando tu vestido blanco. Aún recuerdo esos momentos de caos en casa, quien pensaría que esos gritos algún día iban a convertirse en un recuerdo de cariño… todos los malos momentos pierden la negatividad y se vuelven muestras de amor; un amor imposible de revivir.

Y pensar en el día que a tus ojos vi directamente, vi cariño fiel… ¿cómo pensar en que dejarías de estar aquí? Aún sigo esperando por ti; a la luz de la vela, por si algún día deseas regresar.

Y hoy creí que volviste, que todo fue un mal sueño nada más, y, que todo iba ya mejor; que estabas aquí. Cuál fue mis sorpresa al mis ojos abrir y darme cuenta que solo fue un sueño nada más. Clamo por una señal para volverte a encontrar; recorriendo cada parte de tus lugares favoritos, y solo encuentro tu fantasma. Mi mente me traicionan y te veo correr… froto mis ojos y de repente ya no estás más.

Dios, dame fuerzas que ya me voy a rendir; o Dios, dame fuerzas que siento que yo ya perdí… me quedo dando vueltas por los mismos lugares, puedo sentir tu olor en el aire. Ya no sé a dónde voy, aún sigo esperando a tu llegada, siempre sabes dónde encontrarme.

Mirando al cielo, brillas en mi mente como siempre lo hiciste, ahora lo haces en forma de estrella, como siempre lo soñaste. Desolado, en el techo de la casa, estiro mis brazos esperando coger un puñado de estrellas, y poderte alcanzar, pero fracaso en el intento. Mis brazos caen al piso y caigo yo a su vez.

Regreso a la casa, y me recibe el comedor iluminado por la luz de la lámpara. Tu silla vacía se resalta, y no puedo pensar en nada más que encerrarme en tu cuarto, a soñarte una vez más para tenerte aquí.

Nunca supe lo solo que siempre estuve, hasta que llegaste a mi vida; fuiste mi ángel de la guarda, como un milagro del cielo… cuando te vi, te convertiste en mi propósito de vida; fuiste mi vida entera. Pero te marchaste, no te fuiste sola, te llevaste una parte de mí.