Ausencia
Te extraño…
como la mañana extraña al sol,
como la noche al último suspiro de luz.
Echo de menos tu risa,
esa que curaba mis días,
tu mirada,
donde el mundo parecía detenerse,
y el refugio tibio de tus brazos
donde el miedo no existía.
Ahora los días son neblina,
caminos sin horizonte,
pasos perdidos en el silencio.
Las noches se vuelven hielo
y mi piel recuerda tu calor
como una herida que no cierra.
Te extraño…
pero aun así te solté.
Porque a veces amar
también es aprender a perder.
Y me quedo con lo eterno:
los instantes, las risas, tu nombre en mi pecho…
aunque sanar
duela como despedirse dos veces.