Ausencia
El silencio pesa más que mil voces,
cuando la silla queda vacía
y el aire recuerda un nombre
que ya no responde.
Se parte el alma en fragmentos,
como un cristal imposible de juntar;
cada rincón guarda un eco,
cada objeto se vuelve herida.
El tiempo avanza,
pero la ausencia no envejece:
sigue fresca,
sigue punzante,
como la primera despedida.
No hay consuelo que alcance,
solo lágrimas que riegan la memoria
y un amor que, aunque duela,
permanece intacto en lo eterno
I