"Bajo la luna..."
Bajo la luna de yeso y de sombra,
donde el olivo se vuelve de plata,
corre un caballo de espuma y de viento
por la garganta del río escarlata.
No es el metal de la fragua encendida,
ni es el lamento de un cante lejano;
es el silencio que muerde la tierra
con su cuchillo de frío temprano.
¡Ay, qué blancura de cal en el muro!
¡Ay, qué amargura de sal en el viento!
La muerte busca la flor del naranjo
para dormir su amarguísimo acento.
El agua canta su pena de vidrio,
rota en espejos de luz y ceniza,
mientras la noche derrama en los valles
una corona de sombra sumisa.
Seis mariposas de seda y de nardo
vuelan al centro de un sueño perdido,
donde los lirios de sangre se doblan
bajo el acero del tiempo dormido.
Verde es el grito que brota del suelo,
negra es la mano que siega la espiga,
y en el estanque de musgo y de fango
llora la tarde su herida enemiga.
No me preguntes por qué los jazmines
tienen raíces de amargo veneno,
ni por qué el cielo se quiebra en la fuente
como un cristal de relámpago herido.
Guárdame el alma en un cofre de barro,
lejos del sol que devora la rama,
que ya se apagan las luces del mundo
y el corazón por la sombra me llama.
La arena cuenta los pasos del día,
un rastro leve de polvo y olvido,
donde la espina del tiempo se clava
en el costado de un barco perdido.
¡Ay, qué dolor de manzana mordida!
¡Ay, qué clavel de silencio encendido!
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