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"Cargando tormentas que no eran mías"

"Cargando tormentas que no eran mías"
‎Hoy desperté
‎y la tierra aún guardaba la lluvia,
‎como si el cielo
‎no quisiera irse del todo.
‎El día comenzó nublado,
‎igual que mis pensamientos,
‎pero aun así me vestí de rutina
‎y salí a cumplir conmigo.
‎Un taxi,
‎un saludo,
‎una negativa que luego fue ayuda.
‎Porque a veces digo “no”…
‎pero el corazón corrige el camino.
‎Abrí la oficina,
‎ordené lo visible
‎y también lo invisible:
‎las ganas,
‎el cansancio,
‎la responsabilidad.
‎La lluvia volvió,
‎como si quisiera probarme.
‎Y a las once,
‎llegó el peso del día en forma de voz,
‎de preguntas,
‎de encargos que no esperan.
‎Salí otra vez,
‎esta vez bajo el agua,
‎cargando algo más que un almuerzo:
‎cargando urgencias ajenas,
‎evitando tormentas que no eran mías.
‎Autobús,
‎lluvia,
‎prisa.
‎Y aún así, resolví.
‎Volví,
‎seguí,
‎como quien no tiene opción
‎pero tampoco se rinde.
‎Llegaron cables,
‎se fue el internet,
‎volvió el movimiento.
‎Después, la fiscalía,
‎los pasos firmes,
‎las miradas tensas,
‎y un pequeño alivio
‎cuando todo parecía salir bien.
‎Cinco de la tarde
‎y el día ya pesaba en los hombros.
‎Pero no terminó ahí.
‎Un cuaderno anillado,
‎porque aún hay sueños estudiando de noche.
‎Una comida sencilla,
‎una visita inesperada,
‎y ese momento pequeño
‎que hace que todo valga un poco más.
‎Y ahora,
‎al final de todo,
‎me encuentro aquí,
‎escribiendo,
‎entendiendo…
‎que aunque el día fue largo,
‎aunque llovió por fuera y por dentro,
‎seguí.
‎Y eso,
‎también es una forma de victoria.