Carta a la ansiedad
Querida ansiedad:Tuve otra vez ese ataque de pánico, ese ataque de ansiedad.
Salí y huí.
Quise perderme, pero no tuve el valor de traicionarme a mí mismo.
No pude ser débil.
Por orgullo no puedo.
Grite, pedí auxilio, pero se burlaron, me juzgaron y me culparon.
Solo quería un poco de atención, esa que nunca tuve.
Me equivoqué de lugur, de tiempo y de personas.
Jamás encontré una respuesta sensata.
Agradezco al tiempo por enseñarme que solo vine y así mismo me iré.
Que nadie se queda, que nadie salva, que todo pasa… incluso tú.
Querida ansiedad, no te odio, pero tampoco te necesito.
Hoy entiendo que eres fuerza, eres miedo disfrazado.
Y aunque sigas tocando a mi puerta, he aprendido a no abrirte el alma.
Porque sigo aquí, temblando aveces, pero de pie