Casa vacía
Cuando no estás, el mundo se derrumba sobre mí,
como si todo lo que existe perdiera sentido sin ti.
Como si el tiempo se quebrara en el aire al pasar
y cada segundo doliera un poco más al respirar.
Te veo entre la niebla cuando cierro los ojos al soñar,
una silueta tuya que mi mente se niega a olvidar.
Apareces en mis noches como un eco que vuelve a nacer,
en esos sueños rotos donde solo te pido volver a ver.
Vuelve aquí un momento, si es que puedes escuchar,
si aún desde algún lugar mi voz te puede alcanzar.
Ven y acaricia estas mejillas cansadas de llorar,
este cuerpo derrotado que no sabe cómo continuar.
Regañame otra vez por no dormir, como solías hacer,
por quedarme despierta pensando si me puedes ver.
Si desde ese lugar lejano donde ahora estás
todavía recuerdas mi nombre… o si ya no lo harás.
Dime si aún existo en algún rincón de tu corazón,
aunque sea en el fondo, como un débil latido sin razón.
Si queda algo de mí en tu memoria o en tu voz,
o si el tiempo borró lo que alguna vez vivimos las dos.
¿Cómo estás? Me pregunto al vacío al despertar,
como si en cualquier momento me pudieras contestar.
Como si el silencio de pronto se fuera a romper
y escuchara tu voz volviendo a aparecer.
¿Por qué no regresas un segundo a mi lado?
Juro que caería rendida sobre tus brazos cansados.
Esperando esa mirada que sabías regalar
cuando yo era solo una niña que no podía más.
Aquella mirada tuya que todo lo curaba,
la que espantaba el dolor que mi pecho guardaba.
La que convertía el miedo en calma al pasar,
y hacía que la tristeza aprendiera a callar.
Quizá es mi culpa no aprender a continuar,
quizá es mi culpa no lograr olvidarte al final.
Pero dime cómo se olvida lo que enseñó a vivir,
cómo se deja atrás a quien te enseñó a sentir.
Porque en cada rincón de esta casa te vuelvo a encontrar,
en la risa que el silencio intenta imitar.
En las flores que crecen donde solías mirar,
y en el aire que aún parece tu nombre pronunciar.
En cada lágrima mía sigues viviendo también,
en cada palabra de amor que no te dije bien.
En cada recuerdo que el tiempo no logró romper,
sigues siendo la herida que no deja de doler.
Solo baja un momento, te lo vuelvo a pedir,
desde donde estés ahora… vuelve un segundo hacia mí.
Abrázame otra vez y dime sin temer
que algún día, en algún lugar, nos volveremos a ver.
Y prometo no volver a pedírtelo después,
no volver a llamarte otra vez.
Solo déjame escucharlo una última vez:
que todavía me quieres…
como yo te quise siempre.