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COMITÁN Desde que existes tú, el soneto dejó de sonar bien en mi escritura…

COMITÁN

Desde que existes tú, el soneto

dejó de sonar bien en mi escritura.

Ya no compito con el reloj,

sino contra la forma innumerable de tu risa.

Y me gustas, tierno manantial de mujer.

Te miro a los ojos y la ciudad pierde la voz.

Te acaricio y el mapa de mi piel olvida la brújula del tiempo.

Beso tus sueños y converso con Dios

en la cocina.

Por donde vayas,

un ángel te acompaña.

Dentro de ti está la vid,

fuera de ti está el vino.

Y claro que me gustas,

quizás un poco más

que una taza de café con pan

en Comitán.