COMITÁN
Desde que existes tú, el soneto
dejó de sonar bien en mi escritura.
Ya no compito con el reloj,
sino contra la forma innumerable de tu risa.
Y me gustas, tierno manantial de mujer.
Te miro a los ojos y la ciudad pierde la voz.
Te acaricio y el mapa de mi piel olvida la brújula del tiempo.
Beso tus sueños y converso con Dios
en la cocina.
Por donde vayas,
un ángel te acompaña.
Dentro de ti está la vid,
fuera de ti está el vino.
Y claro que me gustas,
quizás un poco más
que una taza de café con pan
en Comitán.