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Cuando partiste

Cuando partiste

Cuando partiste, mi entorno ya no parecía real, como si algo frenara mi noción del tiempo, como si aquello a lo que tanto temía estuviera a mi lado, mirándome con sus ojos desgarradores, con sus ojos que me dicen que no volverás, señalando ese puente eterno donde me pierdo buscándote, como si me estuviera advirtiendo que pronto se llevaría todo aquello que vive con regocijo y amor, como si estuviera a mi lado y me succionara con esa energía que hacía pesado mi corazón, como si me tomara con sus manos y quisiera llevarse todo aquello que un día tuvo sentido; como cuando sonreíste para mí y mi alma se llenó de euforia, cuando solo bastaba con verte y saber que seríamos tal para cual.

Cuando partiste, le perdí el sentido al libre vivir, porque nadie entendía el motivo, nadie podía quitar la impotencia de tu partida, y aunque tomara tu mano con fuerza, no iba a ser suficiente; no alcanzarían mis ganas de verte brillar, porque no importaba cuántas veces pidiera por ti, cuántas veces te cuidara: el destino tenía en sus planes tenerte a su lado.

Cuando partiste, solo me quedaba consolarme con los recuerdos que me dejaste: con una sonrisa cálida, con un mensaje, con un abrazo compartido. Me queda consolarme del vacío y el llanto que comparto al escribirte, porque no se olvida aquello que se ama, sino que late con más fuerza, late como tu corazón lo hacía, con tanta fuerza que aún parece vivir en mí, como un eco que se niega a desaparecer.
Cuando partiste