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Dame tu tristeza para matar la mía

Dame tu tristeza para matar la mía
Tengo la risa muy larga,
que se escucha muy, muy lejos,
pero la tristeza es muy honda
y no hay nada que la esconda.

Tengo amor infinito,
aunque a veces me irrito,
pero no me quita lo bonito
de ser alguien que se encarga
de escuchar tus gemidos
por no tener amigos.

Eso sí me recarga
y me borra los quejidos.

Dame tu tristeza
para matar la mía.
Sentir dolor ajeno
me convierte en más bueno.

Son tus lágrimas
las que me hacen más humano.
Dame tu mano
para sentir mejor tu abismo
y ser dos que saltan
a sentir lo mismo.

Sé tú mi amigo,
sin vergüenza al mundo,
quien se esmera en dividir
las ganas de vivir
juntos,
en un solo acuerdo,
en un solo asunto:
vivir en ese punto.

De ganas me muerdo,
siempre me acuerdo
de la conversa frente a la laguna,
de lo que te aquejaba
y de aquello que la vida no te dejaba
sentir...

Falta de padre,
de madre,
de amigo...

Aunque yo
estaba allí
y no te percatabas...

Hasta hoy,
que estamos distantes,
pero tan próximos,
y a la vez tan unidos,
más que aquellos que pregonaban unión
y que hoy, por droga o muerte,
están dormidos.

Aquellos que te señalaban
y que hoy preguntan:
—¿Qué bicho le picó?
Y yo respondo:
—¿Que qué bicho le picó?— jajajaja
—Que yo soy su amigo.