Desafortunadamente hija mayor
Dicen que debo ser fuerte,
que no puedo cansarme, ni llorar.
Que soy el ejemplo,la que aguanta,
la que calla,la que no tiene derecho a fallar.
Ellos se equivocan, y los abrazan.
Yo me equivoco, y me miran distinto.
Si mis hermanos lloran, los consuelan,
si lloro yo, solo dicen:
“otra vez tú, ¿y ahora qué tienes?”.
Cuando me piden algo, lo hago sin pensar,
porque si no lo hago, dirán que no sirvo,
que no hago nada, que siempre me quejo.
Y si ellos no quieren hacerlo,
igual me toca hacerlo a mí.
Así que me callo,me trago la rabia,
el cansancio, las lágrimas.
Porque si contesto, soy la mala,
si me enojo, soy la exagerada,
y si lloro… parece que no significara nada.
A veces quisiera ser la pequeña,
la que todos cuidan sin motivo,
la que puede decir “no” sin culpa,
la que se equivoca y aún así es amada.
Pero me tocó ser la hija mayor:
la que sonríe con el alma cansada,
la que sostiene a todos aunque tiemble,
la que nadie nota… hasta que falta.
Y a veces pienso que un día podría cansarme,
que tanto silencio podría romperse,
que tanto peso podría hacerme explotar.
Porque aunque parezca tranquila,
la ansiedad me muerde por dentro,
y el corazón late tan fuerte
que parece pedir ayuda en secreto.
Pero respiro, y sigo.
Porque no sé hacerlo de otra manera.
Porque ser la hija mayor es aprender a doler en silencio…y aun así, seguir amando.