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Después de hablar, quedó Después de hablar, quedó el eco de palabras que no…

Después de hablar, quedó

Después de hablar, quedó

el eco de palabras que no dijiste,

las que te guardaste en el pecho

porque no encontraste el momento

o porque él no preguntó.

Quedó el espacio entre lo que esperabas

y lo que fue:

su voz educada, correcta,

pero sin calidez,

como si fueras una más

en la fila de almas que buscan algo.

Quedó la pregunta

flotando en tu cabeza

desde ayer:

¿cómo voy a contarle esto?

¿cómo pongo en palabras

lo que apenas puede sostener por si solo?

Y quedó el vacío.

No tristeza, no miedo

solo nada.

Como si algo en ti

hubiera apagado la luz

para no tener que ver

lo que viene.

Quedó el silencio

de tu cuarto,

de tu pecho,

de todo lo que cargas sola.

Y quedaste tú,

preguntándote

si vale la pena

abrir la boca

cuando nadie parece

realmente escuchar.