Después del fuego
Después del fuego… quedó el silencio.
No uno tranquilo,
sino ese que pesa
cuando todo por dentro sigue despierto.
La noche no se fue del todo,
se quedó en mis ojos,
en la forma en que respiro
como si aún debiera algo.
Ayer quería ser diamante,
hoy entiendo la presión,
no es solo brillar por fuera,
es no romperse por dentro… sin razón.
Sigo evitando a la gente,
pero ya no por cansancio,
sino porque estoy aprendiendo
a escucharme sin tanto ruido extraño.
El fuego sigue en mí,
pero ya no quema igual,
ahora es una llama baja
que me empieza a acompañar.
Tal vez no necesito un navegante
que me salve del mar,
tal vez debo aprender primero
a no quererme ahogar.
Porque hay tormentas que no se calman
cuando alguien más llega,
hay batallas que se ganan
cuando una se queda.
Y si alguien aparece algún día,
no será para rescatarme,
será para mirarme de frente
y elegir acompañarme.
Hoy no soy diamante aún,
pero tampoco soy ceniza,
soy ese punto exacto
donde el dolor… cicatriza
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