L

Desterrada...

Desterrada...
Desterrada de toda luz respiro
un diálogo roto en mi costado,
lúgubre eco que en mí deliro,
herida lunar, mi cuerpo cansado.

Condena dulce de labios profanos,
miel que desgarra como acero frío,
tu latido es incienso entre mis manos,
que al beberlo me entrega al martirio.

Y vagan mis besos, cautivos, sin calma,
por el templo febril de tu piel rendida;
rozando el cristal vulnerable de tu alma,
sedientos, sangrantes, sedientos de vida.