Devoción
Léeme en silencio,
con la voz rota por mitologías ajenas,
esas que sangran por ti
y que yo, en la penumbra de mi propio cuerpo,
tallaré en mi piel como memoria insomne.
En mí hay una sed que se deshace,
una pasión que no conoce límites,
masoquista y doliente,
anhelando llevar sobre mis hombros
el peso de tu miseria.
Te miro desde lo bajo,
desde la raíz del mundo que habitas,
mientras devoras lo que queda de tu corazón
y yo, frágil, borro las huellas de tu sangre
como quien borra su propio nombre.
Persisto en esta dulzura enfermiza,
en este amor que no entiende el abandono,
un telón oscuro donde me fundo
para desaparecer dentro de ti.
Te amo en la quietud de mi devoción,
en lo patético de mi entrega.
Mátame,
hazlo con la indiferencia que te brota del alma,
y observa cómo mi sombra
sigue abrazada a tu nombre,
aún después de morir.