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Dios

Dios

Gracias por la vida, que llegó con mis sentidos; que abarcan tanto que mi mente se perturba. Que huele lo que respira, cada vez que inhala para vivir. Mira el sol reflejandose en el pasto, haciendo que el verde brillante queme mis ojos.

Desde que nací se lo que es el amor, gracias a mi mamá que me lo enseñó; abuelos y padre también.

Se lo que es que mis piernas funcionen y correr hasta sentir la brisa en los pelitos erizados de mi piel.

Y hoy disfruto comer, levantarme, ejercitar, dormir al lado de mi marido. Soy tan feliz que me asusta.

Aguanto el dolor de mis músculos, porque no es mucho, solo es tensión que me recuerda mi existencia.

Y tengo miedo, pero también tengo suerte, abundancia. Tengo a Dios y le agradezco; porque me lo merezco, solo por estar acá. No soy la única de sus criaturas que merece el Edén pero yo agradezco, y pido más, y soy feliz, y reconozco las adversidades a mi alrededor, pero eso no quita que el humano siempre busca estar bien, estar mejor; siempre y cuando siga su instinto de supervivencia (El cual me interesa cultivar cada vez más)