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¡Dios mío, no me quiero morir!

¡Dios mío, no me quiero morir!
Dios mío, no me quiero morir,
pues si me llegara a ir
no habrá quien llegue
con manzanas a la casa
para que mamá no lave mi ropa limpia, consolándose,
pensando que la he ensuciado,
y la coneja no busque mi rodilla
para alcanzar su trozo de manzana.

Dios mío, no permitas que muera
y me llore mi compañera de trabajo,
quien echará de menos mi ayuda
para trocar las bolsas de las papeleras
y esperar mis pastelitos de desayuno.

No lo permitas,
para que mi hermano no me envíe un mensaje
preguntando cuándo vuelvo
y no reciba respuesta.

No dejes que pase,
para que mi hermana
no se abrace a sí misma
para sentirme.

Evita mi muerte
para que mi amigo no revise nuestro chat
recordando confidencias
e intente enviarme otro mensaje, como mi hermano,
y no reciba respuesta.

Dios mío, no me quiero morir,
y no por mí,
sino por no imaginar
lo que mi ausencia haría sufrir.

Sin querer, yo no quiero herir,
aunque no lo sepa,
pues los muertos no tienen conciencia
y no pueden sentir.

Dios mío, déjame vivir,
no para mí,
sino para vivir para ellos
y verlos sonreír.

Déjame seguir ensuciando la ropa para mi madre,
llevando la manzana a la casa
y que la coneja me la pida.

Y que mi hermano me escriba,
y que mi colega me llame
para la comida.

Que siga la confidencia con mi amigo…
y abrazar a mi hermana,
siendo yo su abrigo.
¡Dios mío, no me quiero morir!