Pinchos espinosos perjudican mi cuello,
sangro y sangro, es en serio,
pero dentro me alivio al pensar
que las rosas en mi estómago lo van a compensar.
Un distrito violento habrá,
combinado con laureles, orquídeas y más,
aplastando al laurel,
un infierno, dice el cartel.
Con las armas alzadas
los sacarán de sus casas,
y llegará el atardecer
que permitirá florecer.
Mi dulce Deidad,
sálvanos a todos, por favor,
tú que te cubres en bugambilia
y nos tratas como familia.
La violencia es lo que al distrito formará,
de la mano con la suave voluntad,
margaritas él se llevará
junto con nuestra libertad.
Despierta, hazlo ahora,
¿no ves lo que se asoma?
Nos llevarán
como a los tulipanes que siempre escogerán.
Soy la violencia latente
en un mundo emergente,
pero también la florescencia lenta
en la tierra que se adentra.
La violencia es la nueva amistad.
Ríete de ellas,
es lo que el distrito quiere que sepas,
y dejaremos que pase la tempestad.
Nadie me va a salvar,
el agua se empieza a secar,
ya no queda más,
el lirio, azalea, camelia y dalia están de más.
El distrito de violencia siempre estará,
porque la violencia permitida estará,
para bien o para mal,
con un crecimiento de flores anormal.
Porque a nuestro mundo siempre retratará,
y es imposible de ignorar,
porque con nadie tendrá piedad, no lo considerará,
pero al menos admira las flores, te lo puedo asegurar.
Y el consejo social no sabe qué hacer,
la solución no te la pueden prometer,
y sobrevivir se está haciendo imposible,
esto es un evento terrible.
Porque la violencia se normaliza de forma imprudente,
lo suficiente para hacer un distrito de violencia latente,
encubierto ligeramente
con la pequeña vida floresciente.
Y cerramos los funerales con magnolias,
y llevamos nuestros cuellos con begonias,
tratamos de vivir en paz
en un mundo que no inició así, como tal.