Dulzura encadenada
En tierra de escépticos que recelan su aire,
los encuentros se friccionan y repelen
en miradas esquivas y palabras edulcoradas.
ciclos de cautela egoísta
encapsulan justificaciones
del porqué "mejor solos que mal acompañados".
Es un "sálvese quien pueda"
que ha infectado a la sensible y noble fragilidad humana;
esa que, en su necesidad del otro, entrelaza la empatía que ha resistido las embestidas de la ignorancia.
H
Dulzura encadenada