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ÉCARTÉLEMENT

ÉCARTÉLEMENT
​Quieren saber por qué escribo tanto.
Escribo porque habito una guerra de dos bandos:
una ansiedad que acelera el motor hasta fundirlo
—su combustible son los pensamientos—
y una depresión que me pone el freno de mano en el alma.
​El cuerpo es un recipiente de cansancio, malestares, desgana.
Mi cabeza no descansa un segundo, es una fábrica de incendios,
teorías que quizás no sean verdad.
Son tantos pensamientos... ¿me explico?
Es como agarrar un puñado de personas, meterlas a tu cabeza
y que hablen constantemente; incluso, a veces, conspiran contra mí.
​Esa ansiedad a veces es un mal escritor de terror y mi cabeza un cine completo.
Imaginé mil escenarios donde ya no estaba con mi mujer,
donde me rompía en dos...
y la depresión me lo hizo sentir como si fuese carne viva.
​Pero a veces ese cine cierra: las luces se apagan, todo está vacío.
Y sentado en medio de la sala está la cruel, esa maldita depresión
que te hace sentir solo, que te desgana.
A veces es todo el día sin querer hacer nada
hasta que llega la noche y, Puff, el cine abre sus puertas.
​En los días cuando se abrazan las dos, ahí ocurre:
ÉCARTÉLEMENT.
Me tiran de los brazos, me parten el centro.
Y en ese desgarro donde otros ven ruina,
yo encuentro la tinta para seguir gritando en el papel.
​Y si quieren, busquen algunos de mis poemas...
quizás se den cuenta