Ecos del alma
La melancolía pinta el día gris,
un suspiro largo que el viento desdibuja.
En cada esquina, un eco que no huye,
testigo mudo de lo que fue feliz.
Un hondo vacío que el alma no comprende,
espacio gélido donde nada crece.
La ausencia pesa, el tiempo se estremece,
un hueco amargo que el corazón enciende.
Y en esta danza de tristeza, una sombra
se alarga en silencio, cubriendo mi sendero.
Un manto tenue, un sendero incierto,
donde la luz parece que no asombra.