"El cielo que nos miraba"
Anoche me acosté
con la esperanza simple
de descansar sin peso,
de cerrar los ojos
y que el mundo se apague en silencio.
Pero no fue así.
Porque en mis noches
ya no hay descanso,
solo sueños que parecen advertencias
o pesadillas que hablan demasiado claro.
Miré al cielo…
y entre las nubes
había un rostro.
Un político,
como si el poder también pudiera vigilar desde arriba.
Desapareció.
Y volví a mirar.
Entonces ya no era él.
Era otro.
Un rostro distinto,
más frío, más extraño…
uno que fingía ser Dios.
Y sentí miedo.
Mi hermano lo vio.
Mi madre también.
Y en ese instante
el aire se volvió pesado,
como si el mundo estuviera a punto de romperse.
Pensamos en el fin.
Nos preguntábamos la hora,
como si la muerte tuviera reloj.
Esperábamos la lluvia,
una inundación antigua,
como en los viejos tiempos
donde todo se borra y vuelve a empezar.
Mi madre temblaba,
cambiándose de ropa sin sentido,
buscando control en medio del caos.
Y luego… lloró.
Yo también.
Pero entre lágrimas le dije:
“no llores…”
porque en ese instante entendí
que habíamos vivido lo suficiente
como para no huir del final.
Le di las gracias.
Por la vida,
por el primer día que respiré,
por mis hermanos,
por todo lo que sí fue real
antes del miedo.
Y entonces… desperté.
La voz de mi madre
rompió el cielo falso,
rompió el miedo,
rompió el final.
Abrí los ojos
y el mundo seguía intacto.
Y supe
que todo había sido
solo una maldita pesadilla.
N