C

EL CONTRATO

EL CONTRATO
¿Y cómo no enamorarme?
De esos ojos que me miran con una ternura que desarma,
de esos labios que, en una extraña magia, me abrazan cuando los toco,
de esa sonrisa que me reinicia.
¿Cómo no enamorarme de tus manos?
Esas que soportan mi brazo al cruzar la calle,
volviéndose el ancla que me frena el paso y me salva de mi total imprudencia en el asfalto...
y en la vida.

¿Cómo apagar el pecho con todo en contra?
Cuando desde el principio firmamos un final,
una fecha de caducidad con letras pequeñas.
Pero el contrato falló;
el amor fue la humedad que arruinó el papel,
borró las cláusulas y, a la fuerza, buscó su lugar.

Y ahora soy un prisionero en este dilema:
No sé si abrirle la puerta a este fuego para que termine de quemar la casa,
o permitir que la razón se vuelva a poner su traje de juez.
Rogar que la coherencia apriete la soga y asfixie el sentir,
para que todo, cobarde y anestesiado, siga en su lugar.

Pero lo que verdaderamente asfixia no es la despedida pactada,
es el eco de esta duda.
Es el terror de ser el único saltando al vacío sin paracaídas.
No saber si soy el único al que le quedó pequeña la promesa de no sentir...
o si, cuando me agarras fuerte en medio de la avenida,
esa fuerza no es para protegerme del tráfico,
sino el temblor de alguien que también quiere romper el papel.

- CALL -