El filo de lo cotidiano
“Un día que pesó más de la cuenta”
Hoy el día empezó a contratiempo,
llegué tarde,
como si el reloj ya supiera
que algo no iba a encajar del todo.
Entre papeles y números
se colaron risas,
historias compartidas
con sabor a rutina tranquila,
como un pequeño descanso
en medio del deber.
Mi hermana cruzó la puerta
y el día siguió su curso,
ida y vuelta de conversaciones,
reuniones, decisiones,
vidas que se mueven
aunque una no siempre las entienda.
El almuerzo fue calma,
de esas que parecen prometer
que todo estará bien,
aunque sea por un momento.
Pero la tarde…
la tarde tenía otros planes.
Entre credenciales y calles,
entre voces y pasos cansados,
busqué un espacio pequeño
para hablar,
para acercarme,
para sentirme un poco más cerca.
Y entonces,
sin aviso,
las palabras cambiaron de forma.
Lo que era conversación
se volvió filo,
lo que era familia
se volvió herida.
Nombraron a mi madre
sin respeto,
como si el amor que la sostiene
no tuviera peso.
Y en medio de todo,
también fui yo el blanco,
comparada, medida,
reducida a lo que él cree
que debí ser.
No dolió solo lo dicho,
dolió de dónde venía.
Porque hay palabras
que uno espera del mundo,
pero no de casa.
Y así,
en silencio,
volvimos.
Con más cosas guardadas
que dichas,
con más emociones
que respuestas.
Hoy aprendí
que hay días que no rompen,
pero sí desgastan…
y que a veces el silencio
es la única forma
de sostenerse.
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