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El Fuego

El Fuego
Era una noche descomunal: aprendí en aquel momento a ver a dios a los ojos, a la muerte sin miedo,
y sentirme fuera de cualquier lugar. No sabía dónde estaba, el sitio no importaba. Quiero creer que
apareciste aquella noche, para no decir que ya te amaba con estas manos destrozadas, ni que la
cobardía, el delirio y el infranqueable sentido de autocompasión me mantenían lejos. Eran tus ojos
más dorados que antes, pero menos preciosos que hoy, que la amatista que hoy refleja el viento y
la lluvia, pero eran fuego, me hacían arder. Sentía tu voz cerca, lejos de mí, luego en mi oído. Aún
reposaban reflejos nocturnos en los charcos de las calles, aún hacías música con tu piel y erizabas
mis labios que te buscaban, para hablar, besar el verso de tu corazón. Tus manos tibias y tu voz
tergiversada, el aire limpio de la humedad nocturna, y simplemente nos limitábamos a andar, a ser
dos entes desiguales buscando un conexo con esas estrellas que por fin aparecían. Porque chocamos
buscando, y llegamos al final del sendero sin saber qué habíamos encontrado. Yo encontré paz,
encontré tu rostro al otro lado de la oscuridad y lo besé. Tú encontraste estas letras huecas, el vacío,
y una incertidumbre. Fuimos el fuego claro de una noche fría, el andar de los días que tenía el mismo
clima de nuestros corazones. No me preguntaste nada, sólo miraste, pero, si lo hubieses hecho,
habrías preguntado "qué haces", y ciertamente habría yo respondido "cuido tu sueño", guardaba tu
sentir de este inevitable y frío desvarío. Te amo en tal medida que aquella ciudad no podría albergar
todos los significados de este ardor en mi cuerpo, que las veces que te he besado serían incalculables
bajo cada farola que no lo hice y hoy hago. Te amo en tu concepto, tu idealización y sobre todo en
tus etapas, y más que nada, en tu ser, en la mujer que eres, la diosa, la princesa, el ave, el canto, la
libertad y la lucha. Armonía lenta del refugio, tú, el jamás, el siempre, el Júbilo, lo Eterno, la
Necesidad, la Ilusión, la Fe y la Fantasía, lo Etéreo, la Resituación. Todo lo bello está en tu nombre.