El naufragio de un alma solitaria.
Habito en la isla de mi corazón desolado,
observando el naufragio en las orillas de tu nombre.
Resido en el mapa de tu indiferencia,
y mi alma desdichada no para de mirarte, como quien mira una estrella muerta cuya luz se apaga, lenta, en el infinito del cosmos.
Camino en el puente que solo yo construí, oyendo el eco de aquellas palabras que nunca me atreví a decir.
«¿Qué tiene él que no tenga otro hombre?»,
le pregunté a mi corazón.
Escribo estos versos en el agua de mi alma, porque en mis puños guardo el fuego de este amor que no me pertenece.
Si guardara este incendio en el pecho, no podría soportar la arquitectura de tu silencio, ni el amargo sabor de tus ojos con sabor a naufragio.
Espero que tu sonrisa se borre de mi mente para recordar cómo era la mía antes de conocerte; porque hace tiempo que mi alegría dejó de ser propia y ahora lleva, para mi desgracia, tu firma marcada en mi alma.