El río corre sin detenerse,
lleva consigo hojas, sueños y memorias.
Cada gota refleja un instante,
cada curva es un destino nuevo.
Los árboles lo miran en silencio,
como sabios que ya nada temen.
El viento susurra en su orilla,
palabras que solo el alma entiende.
Y yo, viajero de esta corriente,
aprendo que nada permanece,
pero en el fluir infinito del agua,
todo se renueva, todo renace.