El trono del olvido
Cuál perro en la terraza humedecida,
sentado ante otra nueva despedida,
cual reina que se queda ya investida
Por llanto de su propia alma empapada.
Se pudre el tiempo en manos del olvido,
la carne es solo un rastro carcomido
Bajo una sombra helada y agrietada.
El frío muerde el hueso en la distancia,
ya no queda del ser ni la fragancia,
solo el silencio en la última morada
.No hay ruego que detenga la caída:
la luz se apaga, negra y sepultada,
no queda voz, ni fe, ni luz, ni nada.
G
El trono del olvido