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En mi cuarto, esta noche de delirio, una incontable insertidumbre que me sigue…

En mi cuarto, esta noche de delirio,

una incontable insertidumbre que me sigue hasta dormido,

que largo el pesar de mi desición,

repitiendo que fue lo mejor..., me encuentro hoy.

En busca de un sueño que me calme,

aparece ella, con una vista y figura que me deslumbra,

la conozco, una vida recorrida justo como el lunar en su mejilla,

emociones encontradas por un cambio que no va a suceder.

En el alba su rostro,

en la lluvia su sollozo, fuerte mujer es lo que aparenta ser,

pero porque ella aparece aquí, un producto ilusorio es lo que imagino,

cual fin se encuentra en esta pesadilla, solo desearía que su dicha sea la mía.

Noche exhausperante con un fin terrible,

el fin de saber que la decisión se tomo,

y que en ella, ningún cambio brotó,

pero es en esta oscuridad nocturna, cuando se siente el frío de hablar contigo.

Y al mismo tiempo...,

al mismo tiempo...,

el hablar contigo es dicha, mi estrella esa cuál observo y deseo,

y ojalá mi deseo sea vanal o de momento, pero la veo y entiendo que enternamente la quiero.

Esta estrella es mi anhelo, mi tesoro ajeno,

creo aún en ti, en mi paz, y en que eres mi par,

pero...arrancamé de ti, por favor, que es un martírio,

y quizás me contradigo al hablar de ti como algo querido, sabiendo que el cometido de este escrito es olvidarte, pero aquí te immortalizó.

Te immortalizó, está de tantas noches,

otra noche que acabo con el mismo fin,

esperar tú llegada en la calidez del alba con cariño y esperanza,

pero al sentir el frío que ilumina la luz de la luna, odiarte en mi cama.

Anangonó Martín.