EN QUÉ MOMENTO
¿En qué momento me perdí? No fue un instante, fue una rendición lenta, una firma con los ojos cerrados.
Me perdí para ser buena hija, para no decepcionar el guion que no escribí.
Me perdí para ser esposa, para encajar en un "nosotros" que a veces se olvidaba del "yo".
Me perdí para ser madre, y resulta que era un sustantivo que me comía los verbos.
Me perdí para ser amiga de quien ya no me reconocía, para ser empleada ejemplar, para ser la fuerte, la que nunca se cae, la que sonríe con la boca mientras algo se quiebra adentro.
Me perdí en los deberes, en los "deberías", en el brillo del piso mientras se apagaba mi nombre.
Y ahora pregunto: ¿dónde quedé yo entre tanto rol perfecto?
No me busquéis en los retratos. Estoy en los márgenes, en lo que no conté, en la pregunta que aún me atrevo a formular:
¿Y si el mayor acto de amor fuese, primero, no perderme del todo?
A