Entre lo que me llama y lo que estoy construyendo
Hoy, mientras intentaba avanzar,
algo me detuvo.
No fue el miedo esta vez,
fue un recuerdo.
Uno de esos que llegan sin avisar,
suave al principio,
pero con peso suficiente
para hacerme mirar atrás.
Por un momento
quise quedarme ahí,
en lo que fui,
en lo que dolía
pero al menos conocía.
Y entonces apareció ese pensamiento…
el mismo de antes,
el que me susurra bajito
que sería más fácil rendirme,
que nadie notaría
si dejo de intentarlo.
Lo escuché.
No voy a mentir,
lo escuché demasiado cerca.
Sentí cómo quería arrastrarme
de nuevo a ese lugar
donde todo es oscuro
pero cómodo.
Donde no tengo que esforzarme
por ser alguien mejor,
ni enfrentar lo que me cuesta.
Y por un instante,
casi cedo.
Pero esta vez
no me quedé inmóvil.
Hice algo pequeño.
Me levanté de la cama
aunque no quería.
Ordené un poco mi espacio
aunque no tenía ganas.
Respiré profundo
aunque el pecho me pesaba.
Cosas mínimas…
casi invisibles.
Pero mías.
Y mientras las hacía,
el ruido en mi cabeza
no desapareció,
pero dejó de mandar.
El recuerdo seguía ahí,
el pensamiento oscuro también,
pero ya no eran dueños de mí.
Solo… compañía incómoda.
Hoy no fui fuerte todo el tiempo,
ni valiente como quisiera.
Pero fui constante
en lo poco.
Y eso,
aunque suene pequeño,
se siente distinto.
Tal vez así se construye algo nuevo:
no evitando la oscuridad,
sino aprendiendo
a no obedecerla.
Hoy no vencí del todo,
pero tampoco me rendí.
Y entre lo que me llama hacia atrás
y lo que estoy intentando ser,
por primera vez,
elegí darme una oportunidad.
N