Entre voces ajenas
Soy el niño que aprende a callar a tiempo,
el que observa antes de hablar,
el que mide sus gestos y palabras
para no incomodar.
Dicen que así es más fácil,
que así te van a aceptar,
que si piensas distinto o muy alto
te pueden dejar atrás.
Entonces escucho todo:
sus risas, sus formas, su andar,
copio lo que parece correcto
aunque no me haga vibrar.
Aprendo a decir “me gusta”
aunque no lo sienta en verdad,
a reír cuando otros ríen
y a ocultar lo que soy de más.
Me vuelvo un reflejo tenue
de lo que quieren mirar,
una sombra que se adapta
para no quedar fuera del lugar.
Y al principio parece que funciona,
me llaman, me dejan entrar,
me siento parte del grupo
aunque no sepa quién soy en realidad.
Pero hay algo que pesa en silencio,
algo difícil de explicar:
cada vez que cedo un pedazo,
algo en mí se empieza a quebrar.
Porque no es solo una palabra,
no es solo una forma de actuar,
es ir borrando despacio
todo lo que me hace ser “yo” de verdad.
Y nadie lo nota por fuera,
nadie lo puede mirar,
porque aprendí a usar sonrisas
como forma de ocultar.
Estoy rodeado de voces,
pero no me saben escuchar,
porque el niño que fui por dentro
ya no sabe cómo hablar.
Quisiera decir lo que siento,
decir lo que quiero en verdad,
pero el miedo me toma la mano
y no me deja avanzar.
¿Y si ya no me aceptan?
¿Y si me dejan de hablar?
¿Si al mostrar lo que soy
deciden que no quieren estar?
Entonces vuelvo al silencio,
a ese lugar familiar,
donde encajo sin ser yo mismo
y me olvido de cuestionar.
Pero dentro algo insiste,
una voz que quiere escapar,
que me dice que no es justo
tener que fingir para encajar.
Que ser distinto no es falla,
que no debo cambiar por agradar,
que tal vez perder a algunos
sea empezar a encontrar.
Y aunque aún tengo miedo,
y no es fácil cambiar,
sé que poco a poco puedo
volverme a recuperar.
Porque no quiero ser eco
de lo que otros quieran escuchar,
quiero ser mi propia voz,
aunque cueste, aunque duela, aunque haga temblar.
Y tal vez no todos se queden,
tal vez algunos se irán,
pero los que realmente importen
me van a aceptar de verdad.
Así dejo de ser silencio,
así empiezo a hablar,
así dejo de estar roto
para volverme a armar
J